Utilizamos cookies propias y de terceros para recopilar información estadística del uso de nuestra página web y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación. Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede cambiar la configuración u obtener más información aquí.
Cerrar

Francia

Viajar a Francia

Un país que seduce a los viajeros con su consabida cultura tejida alrededor de las terrazas de los cafés, mercados en las plazas de los pueblos y bistrós con su plat du jour (plato del día) escrito con tiza en la pizarra

 

‘Savoir-faire’ cultural

Francia es, básicamente, arte y arquitectura de categoría mundial, templos romanos y castillos renacentistas, lugares icónicos famosos en todo el mundo y estrellas en alza, algunas poco conocidas. Pasear por los jardines de lirios pintados por Monet y saborear un café parisino donde Sartre y Simone de Beauvoir se reunían para filosofar. Ver el pasado glorioso e imaginar la vida de un rey francés en la burguesa Versalles. Contemplar los comienzos de las futuras estrellas del arte en comunidades clandestinas ocultas en mansiones Haussmann del s. XIX en París o en los nuevos museos de referencia del norte. Beber cócteles en un viejo pero chic almacén en Nantes. Escuchar rap en Marsella y jazz parisino. Sentir la sutil infusión de lengua, música y mitología en Bretaña traída por invasores celtas en el s. V. La cultura francesa ofrece infinitas posibilidades para llenar cualquier visita.

 

‘Art de vivre’ gastronómico

O quizá sea la devoción francesa por la buena comida y el buen vino lo que atrae a tantos viajeros (al fin y al cabo Francia, con más de ochenta millones de visitantes al año, es el segundo destino turístico del mundo). Pero hay que saber que la gastronomía francesa es mucho más que bistrós parisinos, largos almuerzos al aire libre, comprar frutas y verduras en el mercado y desayunar cruasanes calientes comprados en la boulangerie (panadería). En París se puede aprender a hacer petits fours con los críos o darle la vuelta a las creps en Bretaña, probar vino con uno de los sumilleres más importantes del mundo en Burdeos, visitar un criadero de ostras en la costa atlántica, beber champán en viejas bodegas en Reims, visitar una plantación de melones en Provenza, recoger olivas, melocotones y cerezas en el caluroso sur... y comprender que, para los franceses, la comida es art de vivre (arte de vivir) y sustento por igual.

 

Paisaje lírico

Y luego está el terroir (terreno) y el sorprendentemente variado viaje que teje desde los acantilados y dunas de arena del norte, hasta el azul intenso de la Riviera francesa y los bosques verdes de roble. Este lírico paisaje demanda acción exterior, ya sea frenética o relajada, solo o en famille. Caminar descalzo por la arena bañada por las olas hacia el Mont St-Michel, subir al teleférico hacia fabulosos paisajes glaciales por encima de Chamonix (la meca del montañismo), deslizarse sobre una rueda por la duna de arena más alta de Europa, surfear en Biarritz, esquiar en los Alpes, caminar de un volcán extinguido al otro en el Macizo Central; flotar entre enclusas o pedalear por el camino que bordea el Canal du Midi. La acción es interminable y la próxima aventura está para disfrutar. 

Fuente: Francia 5 (marzo del 2011)