Un día perfecto en la Mequínez imperial, al norte de Marruecos

Texto por
Lorna Parkes, autora de Lonely Planet
Mequínez, Marruecos, puerta de Bab Mansour
milosk50_Shutterstock

24 horas en Mequínez, la antigua capital imperial de Marruecos

Cada día, al caer el crepúsculo sobre Mequinez, el último rayo del sol danza a través de la puerta de la ciudad imperial, Bab El Mansour. Durante unos minutos, la robusta puerta arde como la arena del Sáhara ante un público local que se aferra a las bolsas de la compra en lugar de a las cámaras. Hay pocos turistas y están muy repartidos.

Destino Marruecos

 

Sin la enorme medina medieval de la vecina Fez o el boyante ambiente de fusión de Marrakech, el linaje de esta ciudad imperial que antaño fue capital de Marruecos no la ha ayudado a asegurarse un puesto en la mayoría de los itinerarios viajeros.

Su misterio relativo hace de Mequínez un soplo de aire fresco. La comida es más económica, aunque un poco monótona, y el panorama de riads de gama media de la ciudad ha brotado con fuerza en los últimos años y tiene tanto encanto y tanta clase que rivaliza con Fez y Marrakech, aunque a mitad de precio.

Lo mejor de todo son los enclaves del reino de Moulay Ismail del s. XVII: tres conjuntos de fortificaciones, todavía enlazados parcialmente con el paisaje urbano, y abundantes reliquias por explorar. Quien visita Mequínez no se marcha decepcionado.

 

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Ideas para pasar un día entero en Mequínez:

Qué hacer en Mequínez por la mañana

Mequínez, Marruecos: mausoleo del Moulay Ismail

Interior del mausoleo del Moulay Ismail en Mequínez, Marruecos.© Anibal Trejo / Shutterstock

 

El único lugar de Mequínez que se llena de turistas es el Mausoleo de Moulay Ismail, así que conviene empezar el día allí para evitar multitudes. La tumba es un prodigio de la artesanía marroquí, digna de un sultán cuya familia era descendiente del profeta Mahoma, que cortejó a la hija del rey de Francia, Luis XIV, y que lideró despiadadas campañas militares para someter a Marruecos con mano de hierro. Ismail (1672-1727) trasladó la capital de Marrakech a Meknes (Mequínez), creando un período de esplendor cultural para la ciudad que se marchitaría enseguida tras su muerte. En el 2018 el santuario volvió a abrir tras una remodelación de dos años.  

Frente al santuario de Moulay Ismail, al otro lado de la calle y dentro de las murallas de la ciudad imperial original, Koubbat As Sufara ofrece una cata de lo que se puede ver después durante el día en Heri Es Souani: una red subterránea de cámaras que, según se cree, pudieron ser un almacén de alimentos o –según el guía– una mazmorra para los esclavos cristianos de Ismail.

Antes de almorzar es buena idea regresar a la céntrica plaza El Hedim y visitar el Dar Jamaï Museum, un palacio del s. XIX y de descuidado aire romántico convertido en museo de tejidos tradicionales, artesanía en madera de cedro y joyas. Su patio de estilo andaluz, lleno de pájaros, ya es excusa suficiente para dedicarle una hora al museo. 

 

Pasar la tarde en Mequínez

Mequínez, Marruecos: Heri Es Souani

Heri Es Souani quedó expuesto tras un terremoto en el s. XVIII © milosk50 / Shutterstock

 

Mequínez no es una ciudad gastronómica, así que en lugar de buscar un sitio para comer lo mejor es comprar un sándwich de kofta a la parrilla en la plaza y después montar en una calèche (calesa) rumbo a Heri Es Souani. El granero y los establos del rey están 2 km al sureste por una carretera que pasa entre dos conjuntos de viejas y robustas fortificaciones. La excursión para llegar merece la pena porque las cavernosas cámaras del granero impresionarían incluso a los enanos de Moria. Los establos que ahora palidecen bajo el sol –y que quedaron expuestos tras un terremoto en el s. XVIII– antaño alojaban a unos 12 000 caballos, colocados en hileras. Las gigantescas puertas de madera de cedro podrida yacen en rincones sombríos del granero y la sala de la noria, conservada, muestra el lugar donde los caballos arrastraban cubos de agua de las profundidades. 

Para hacer una pausa es buena idea pasar la tarde en la medina probando pastelitos marroquíes (30 MAD), que entran muy bien con un té de menta dulce o un café noir en Ryad Bahia. Esta casa familiar remodelada es la opción de alojamiento de precio medio con más carisma de la ciudad, pero sus simpáticos propietarios –que forman parte de la misma familia que fue propietaria del Dar Jamaï– también abren sus puertas todas las tardes al público general para tomar el té. 

 

Dónde ver la puesta de sol en Mequínez

Mequínez, Marruecos: Bab Mansour

La preciosa Bab Mansour se construyó con material saqueado cuando la capital se trasladó de Marrakech a Mequínez  © Elena Odareeva / Shutterstock

 

La puesta de sol hay que verla en Bab Mansour. La gigantesca puerta imperial fue concebida por Moulay Ismail para presumir del poder de su nueva capital ante Fez y Marrakech, y la verdad es que eclipsa a cualquier punto de interés de las ciudades imperiales más visitadas de Marruecos; pero no se terminó de construir hasta después de su muerte. Cuando Ismail saqueó Marrakech se llevó rocas romanas de la antigua capital para construir su puerta, y las dos columnas blancas que hay a ambos lados de la bab son de mármol corintio y antaño pertenecieron a un palacio marrakechí.

El mejor lugar para contemplar la puesta del sol tomando un té de menta es el Cafe Restaurant Place Lehdime en la esquina norte de la plaza El Hedim, con asientos de primera fila ante una cascada de tejados. Llama la atención como la luz ámbar resalta la inscripción árabe de la parte superior de la bab, que dice: “Soy la puerta más bella de Marruecos. Soy como la luna en el cielo. La propiedad y el poder están escritas en mi fachada”.

 

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Qué hacer de noche en Mequínez

Mequínez, Marruecos: plaza El Hedim al atardecer

Puesta de sol en plaza El Hedim de Mequínez © Rolf Bach / Getty Images


Es casi imposible dar con el Riad Meknès sin ayuda de nadie (conviene llamar a recepción para que vayan a buscar al viajero), pero es el lugar con más carisma de la ciudad para saborear una cena a base de tajín. Las murallas en ruinas del palacio se han iluminado con gusto entre los patios interiores, y el comedor es un bosque de cactus, zellij (azulejos con diseños tradicionales) y cerámica local con un puñado de mesas.


El aromático y sabroso embrujo de Marruecos

Cerca de Place Lalla Aouda, la comunidad Dar El Kbir que rodea el riad es una colmena de actividad local a última hora de la tarde; es buena idea aventurarse por allí y descubrir una cara de Mequínez que pocos turistas conocen. 

Conseguir alcohol en la medina es tan difícil como encontrar agua en el desierto, así que mejor no perder el tiempo buscando bares. La vida nocturna local gira en torno a plaza El Hedim, donde las parejas pasean, las familias juegan con sus hijos, montados en coches de juguete teledirigidos, y los músicos atraen al público con sus historias.

 

Afueras de Mequínez, Marruecos: Volúbilis

En las afueras de Mequínez, en las ruinas de Volúbilis, hay mosaicos que esperan ser descubiertos © oBebee / Shutterstock


¿Un día más en Marruecos?

Mequínez puede ser una buena base alternativa para explorar el Atlas si la idea de alojarse en las entrañas de la medina de Fez provoca sudores al viajero. Hay trenes diarios frecuentes que unen ambas ciudades, y Mequínez también está más cerca de las ruinas romanas de Volúbilis y del encalado pueblo de Moulay Idriss, punto de peregrinaje.


Volúbilis, la huella de Roma en Marruecos

En la misma Mequínez, la Madraza de Bou Inania –de estilo similar a la de Fez, pero un poco más modesta y silenciosa– también merece una visita. Los Jardines Lahboul, fuera de las murallas de la medina oriental y llenos de columnas romanas de Volúbilis, son un agradable refugio, y el maltrecho Palacio Al Mansour, del s. XVII, en las afueras de Mequínez, también merece una visita para ver cómo progresa su restauración.

 

 

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